The Winter’s tale: una joya del siglo XXI

Tras más de 20 años sin que el Royal Ballet estrenase ningún ballet narrativo de velada completa, en el año 2011 se estrenó Alicia en el País de las Maravillas del coreógrafo británico Christopher Wheeldon. En aquella ocasión nos encontramos con un despliegue tecnológico impresionante, que básicamente fue lo más llamativo de toda la producción que coreográficamente dejó frío a más de uno.

Esta vez Wheeldon ha querido ser más ambicioso y trató de adaptar el clásico de Shakespeare Cuento de invierno, aunque esta vez ha sido muchísimo más acertado que con su producción previa para el Royal Ballet. El pasado 1 de mayo tuvimos la oportunidad de poder disfrutar de este estreno mundial en directo en la Royal Opera House de Londres.

De la mano del mismo equipo artístico que con Alice’s, partituras de Joby Talbot y vestuario y escenografía de Bob Crowley, Wheeldon nos cuenta la historia de un hombre que destroza su familia cegado por los celos. Con un cast que requería 6 bailarines protagonistas, The Winter’s tale se ha convertido en una delicia para poder disfrutar en una misma velada de tantos bailarines principales del Royal ballet.

Hemos de decir que Edward Watson estuvo más que deslumbrante en el papel de Rey Leontes, haciendo totalmente creíbles los ataques inexplicables de celos, el maltrato y humillación a su esposa Hermione y posteriormente una tristeza y desesperación al darse cuenta de lo que había conseguido. Watson ya había destacado en papeles con una gran carga dramática como Mayerling o Metamorphosis, pero en ocasión supera a toda interpretación previa, convirtiéndose básicamente en Leontes y no en un bailarín haciendo de rey.

Por otro lado debemos hablar de Lauren Cuthbertson, cuya actuación fue también memorable. Esta bailarina británica, que es considerada como el futuro del ballet británico, ha madurado muchísimo en estos dos últimos años y eso se nota al ver a esa Hermione que trata de sobreponerse y convencer a su marido de que no ha cometido adulterio.

En el papel del Rey Polixenes tuvimos la mala suerte de que Federico Bonelli a última hora se lesionase, lo que provocó que un papel de tal calibre, finalmente e inconscientemente fuera relegado a un segundo plano debido a la falta de interiorización del rol por parte de Valeri Hristov.

Tras un prólogo y primer actos oscuros, con unas músicas más cercanas a las melodías de Hitchcock y psicosis, lo que creaba la atmósfera idónea para el estado anímico de Leontes, en el segundo acto cambiamos radicalmente de escenario y viajamos a un mundo pastoral alegre y dulce.

En esta ocasión nos encontramos con Sarah Lamb y Steven McRae en los papeles de Perdita y Florizel respectivamente. Ambos parecían una pareja típica de cuento, ella una muñequita de tez prefecta y él como su perfecto partenaire. En sus múltiples variaciones McRae desprendió el encanto y fuerza que le caracteriza, mientras que la americana Lamb fue todo dulzura y delicadeza.

También es muy remarcable la actuación de dos de las futuras grandes estrellas de la formación inglesa Beatriz Stix-Brunell y el italiano Valentino Zuchetti, que como pareja principal de pastores desprendieron una gran energía y pasión a lo largo de todas sus apariciones. También cabe hacer mención a Zenaida Yanowski que estuvo espléndida en el papel de ama de llaves, demostrando una gran poderío y presencia en todo momento que estuvo sobre las tablas.

La coreografía de Wheeldon, en mi opinión, es la mejor que ha hecho hasta ahora, mostrando a través de un lenguaje totalmente clásico las diferentes personalidades y uno de los sentimientos más difíciles de expresar mediante movimiento: los celos. Además tiene pasos a dos como el del tercer acto entre Leontes y Hermione, que recuerdan claramente la estructura y pasión de los de Kenneth Macmillan y trayendo a nuestra memoria también el paso a dos del cuarto acto del Lago de los Cisnes. El paso a dos con ambos personajes vestidos de color claro y en el que Hermione trata de perdonar a Leontes, fue toda una obra hecha poesía, con sufrimiento, decepción desesperación y finalmente felicidad y reencuentro.

Podemos decir que esta producción única de The Winter’s Tale ha de permanecer (y seguramente lo haga, al gran éxito entre público y críticos), con una coreografía madura y especialmente expresiva, una escenografía perfecta (ya que se limita al mínimo número de elementos , tanto en vestuario como escenografía) y una partitura hecha a medida de la obra. The Winter’s Tale, representada por los bailarines idóneos se convertirá en el clásico de los clásicos del siglo XXI. Felicidades al Royal Ballet por esta gran adquisición al repertorio.

¡Por cierto! si os interesa existe una grabación completa del ballet por el 1ª cast (del que hemos hecho la crítica) realizada el pasado 28 de abril en la página Balletoman.com

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El English National Ballet arrasa en Madrid

El English National Ballet aterrizó en Madrid esta semana para deleitarnos durante 4 días de su flamante nueva  producción de Le Corsaire. Desde hacía ya semanas colgaba en los Teatros del Canal el cartel de no hay localidades para ninguna de las funciones programadas. El pasado sábado 26 tuvimos la oportunidad de disfrutar de una de estas funciones, encabezada por la estrella internacional de origen madrileño Tamara Rojo. Le corsaire es un emocionante ballet sobre Conrad, un intrépido pirata, y su amor por Medora, una hermosa muchacha del harén. Es una obra de capa y espada sobre doncellas cautivas, ricos sultanes, secuestros y rescates, intenciones ocultas y traiciones, que culmina en un naufragio.

Para esta producción de Le Corsaire, la única que se ha realizado hasta ahora en el Reino Unido, se ha tratado modernizar y actualizar esta joya del siglo XIX. Para ello han contado con la coreógrafa Anna-Marie Holmes y con el destacado Bob Ringwood, encargado de vestuario y escenografía, que ha trabajado en películas como Troya, Batman o Star Trek.

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Tras más de 50 funciones en menos de 3 meses, esta producción ha cosechado grandes críticas entre los profesionales y el público británico. Se ha de decir que nos encontramos ante una escenografía y vestuario realmente opulento, exotismo y cristales de swarovski, que parece increíble que se haya podido crear con un presupuesto de 800.000 libras. Pudimos adentrarnos en el corazón de un bazar con una particular Santa Sofía al fondo, mientras que también hubo una reproducción del Taj Mahal en otra de las escenas y una cuidada cueva de piratas con un precioso y romántico claro de luna.

Centrándonos más en el aspecto interpretativo, tenemos que decir que Tamara Rojo estuvo pletórica, con un papel que pareció hecho a su medida (a pesar de que se le empiecen a notar los años en los grand Jete) plagado de diagonales con multitud de giros y piruetas en los que parecía que nunca iba a parar. Además mostró un gran liricismo y expresividad, y disfrutó de la actuación, a diferencia de cuando le “toca” convertirse en una princesa cualquiera. Con Medora, Tamara Rojo trata de sacar todo su carácter y sensualidad para darle una mayor profundidad psicológica al carácter.

Como Conrad, el partenaire de Rojo, nos topamos con un nervioso Junor de Souza en un estreno en el papel, hemos de añadir que tras un primer acto donde el brasileño no acabó de atinar, los dos siguientes actos los acabó salvando y acabó haciendo un buen papel. También tenemos que destacar la gran actuación de todo el cuerpo de baile, sobre todo el masculino ya que estuvieron sobresalientes, entre ellos un Max Westwell mucho más maduro y con una gran potencia de piernas en el papel del bandido Birbanto.

Cabe hacer una mención especial al cubano Yonah Acosta que consiguió enfervorecer al público con su variación del Pas de Trois del segundo acto. En esos instantes, el teatro pareció más un estadio de fútbol en plena ebullición más que una sala donde se estaba llevando a cabo una actuación. Tras un imponente Pas de Trois entre Tamara Rojo, Junor de Souza y Yonah Acosta, se les sumaron las potentísimas variaciones de cada uno de los protagonistas, todo ello con una potentísima coda como colofón a la fiesta de virtuosismo y técnica que acababa de vivir el público.

Con relación a las mujeres, Shiori Kase hizo un papel más que memorable, demostrando una gran rapidez de piernas y potencia de salto. También fue muy destacable la actuación de Lauretta Summerscales en el papel de tercera odalisca, que dejó a todo el público anonadado con su brillantez y limpieza técnica.

Solamente hay algo que no acaba de cuadrar en esta producción, la escena del Jardin animé en la que no se si fue por haber una escenografía más sencilla o un cuerpo de baile no muy abundante, que no acabó de cuajar. Por lo demás esta producción tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en el primer Le Corsaire british y que permanezca en el repertorio del English National Ballet. Además tenemos que mencionar que el nivel técnico-artístico de esta compañía ha aumentado exponencialmente en muy pocos años y poco a poco está dejando de ser la hermana pequeña del Royal Ballet para convertirse en una compañera al mismo nivel.

Cómo la Segunda Guerra Mundial transformó el ballet británico

La BBC ha comenzado ya su temporada de ballet, tras los documentales presentados por Darcey Bussell, era el momento de ahondar en el origen y establecimiento del ballet en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Esta vez, el presentador era David Bintley, director del Birmingham Royal Ballet. Fue la elección perfecta para el programa, ya que se encuentra en contacto directo con los personajes que aparecen en la historia, desde el momento en que Ninette De Valois tomó de la mano y enseñó un solo a Bintley cuando solo contaba con 17 años y aún estudiaba en el Royal Ballet School. De Valois, conocida por todos como La Señora, fue clave para la historia. Sus bailarines supervivientes, todos mirando en plena forma notablemente glamurosa para su edad, se acordaron de ella como cruel, exigente, aterrador, pero absolutamente admirable.

A lo largo del documental se muestran una gran cantidad de imágenes de archivo e inéditas como por ejemplo escenas nunca antes vistas del ensayo general de Symphonic Variations. Fueron absolutamente emocionante, una manifestación visible de que en 1946 el ballet británico había pasado de ser una actividad de nicho, a un tesoro nacional británico.

Septiembre de 1939, Gran Bretaña acaba de declarar la guerra a Alemania, pero el Royal Ballet tenía sus propias razones para temer lo peor. Aún en su infancia, la empresa, bajo la dirección de Ninette de Valois, había pasado ocho duros años para llevar a cabo la formación de un núcleo de bailarines creíbles y la construcción de un público. De repente, con la llamada a filas de los hombres, el futuro de estos artistas estaba en grave peligro.

Sin embargo, la guerra resultó ser no un desastre, sino una oportunidad extraordinaria para el ballet en Inglaterra. El Royal no se limitó a seguir bailando durante de los años de guerra, la compañía, que en ese momento aún se llamaba el Vic Wells Ballet, cuando el gobierno decidió que podía ser útil para mantener la moral.

Más tarde, durante la primavera de 1940, los bailarines vivieron su misión más peligrosa, con Gran Bretaña aún luchando contra Alemania en el corazón de Europa, el Vic Wells fue enviado de gira a los Países Bajos, Francia y Bélgica. Aún estando en La Haya y tras un enorme éxito entre el público holandés, los soldados alemanes tomaron la ciudad. En peligro extremo, la compañía quedó atrapada en su hotel durante tres días antes de que pudieran ser sacadas del país de manera clandestina, en la bodega de un barco de carga lleno de refugiados.

Había una escasez crónica de zapatillas de punta, mientras que una bailarina actual emplea dos o tres pares durante una función de larga duración, las mujeres tuvieron que utilizar un único par durante 18 funciones, sus pies sangrantes son testimonio de lo que sufrieron. Al ser una compañía tan pequeña, los bailarines tenían que bailar a pesar de las enfermedades y lesiones. A día de hoy ninguna bailarina aceptaría tener 9 funciones semanales con un salario de £ 4. Sin embargo, Beryl Grey, quien se unió a la compañía en el verano de 1941, se acuerda de la guerra como un tiempo “simplemente maravilloso”. Ella tenía sólo 14 años y, como la mayoría de los niños en tiempos de guerra, se vio obligado a crecer rápido. Aprendió a hacer frente a las caseras que le robaron su bolsa de agua caliente y sustituidos sus raciones de mantequilla con margarina barata.

Ella aprendió a bailar en los teatros donde la lluvia caía por el escenario, durmiendo en los trenes nocturnos, donde improvisó una cama en los compartimentos superiores para equipaje. “Yo solía subir y poner mi abrigo sobre los rieles de metal”. “Era mucho más cómodo que dormir en el equipaje, que los otros bailarines solían hacer”. Grey se acostumbró a bailar a durante los ataques aéreos “Nunca pensamos en parar, nosotros estábamos haciendo lo que nos gustaba, y si fuera había bombas, eso era lo que había”.

En 1944, durante una función de el Lago de los Cisnes, un V2 explotó encima, el ruido de la bomba se mezcló con el crescendo de los violines, “Seguí bailando”, declara Grey, “La única vez que puedo recordar una actuación que se cancelase fue cuando el teatro se incendió”.

Para el final de la guerra, cada actuación era un lleno absoluto, y muchos de ellos eran parte de las tropas. Los bailarines se convirtieron en mascotas nacionales. En 1945, este entusiasmo nacional siguió a los bailarines en su nuevo hogar en la Royal Opera House, en Covent Garden. A lo largo de la guerra, este teatro ha sido utilizado como un salón de baile. Había costado un gran esfuerzo para devolverle su esplendor. La compañía bautizó el teatro con la Bella Durmiente, era una nueva producción palaciega, de una escala y un esplendor nunca antes visto en Gran Bretaña.

A partir de este momento se establece una seria relación, que a día de hoy sigue, entre la compañía fundada por De Valois y la Royal Opera, convirtiéndose en la compañía residente y convirtiéndose en el Royal Ballet de Londres, cumpliéndose así los deseos y ansias de “La Señora”.

El Royal Ballet en cines: Don Quijote

Como viene siendo habitual en los últimos años, el ballet y la ópera están empezando a formar parte de la cartelera habitual de multitud de cines de todo el mundo. En esta ocasión nos dieron la oportunidad de poder disfrutar de la nueva producción del Don Quijote de Carlos Acosta para el Royal Ballet, el pasado miércoles 16 en directo desde Londres.

Se ha de decir que Don Quijote no se veía en la Royal Opera House desde hacía ya 10 años. Se trata de un ballet que nunca ha acabado de cuajar en el repertorio de la compañía londinense, a pesar de que todas las grandes compañías (ABT, POB, Bolshoi, Mariinsky o BNC) tienen su propia versión, el Royal, por diversos motivos, nunca se ha acabado de encontrar cómodo en esta pieza.

Con esta nueva versión, lo que se ha tratado de conseguir es adaptar este clásico a la personalidad de esta compañía, y así hacer de ella un que permanezca en el repertorio.

La escena de la Taberna del tercer acto

La escenografía y vestuario son obra de Tim Hatley, que ha realizado una gran tarea presentándonos unas escenas y vestuarios, que siguen la linea clásica pero totalmente renovados, con lo cual estamos ante una producción totalmente rejuvenecida del ballet.

Hatley gracias a los grandes avances tecnológicos ha desarrollado una escenografía que, por ejemplo durante el primer acto está en constante movimiento, lo que produce una sensación de ir cambiando de escenario conforme se suceden las escenas. Además la escena de la taberna, es simplemente genial, muy bien ideada y que unida a una muy buena iluminación nos da la sensación de estar bajo tierra en algun bar de un suburbio.

Con relación a la escena de las dryadras, he de decir que a pesar de toda la crítica que han recibido las enormes margaritas de fondo, se trata de una escena y un espacio onírico y al fin y al cabo con ese tipo de detalles escenográficos y la iluminación, se consigue el objetivo con creces. La única pega que se podría poner, es que el escenario del primer acto, entre una escenografía de un tamaño tan grande y la cantidad de gente en escena, quedaba poco espacio libre (o daba esa sensación), lo cual daba impresión de agobio al espectador.

Marianela Núñez y Carlos Acosta en un instante del primer acto

Centrándonos más en el aspecto coreográfico, nos encontramos ante una compañía con un cuerpo de baile muy sólido, lo cual se percibe claramente en la escena de las dryadras, con un cuerpo de baile femenino en perfecta sinfonía y conexión.

Me sorprendió muy gratamente la actuación de los toreros, ya que normalmente los pasajes de cuerpo de baile masculino al ser mas de saltos y giros suelen ir menos a tiempo, aunque esta no fue la ocasión, al contrario de lo que le sucedió al American Ballet Theatre el octubre pasado en el Liceu de Barcelona. Además demostraron una gran potencia y desempeño, entre ellos destacó Eric Underwood, en uno de los pocos papeles puramente clásicos en el que le hemos visto aparecer.

Elisabeth Joy Harrod, físicamente estuvo perfecta en el papel de cupido, pero hubo algo en sus sonrisa que no acababa de cuadrar, del mismo modo Ryoichi Hirano hizo una aparición interesante en el papel de el torero Espada.

Centrándonos ya más en la pareja central, Marianela Núñez y Carlos Acosta estuvieron realmente estupendos en sus respectivos papeles. Ambos intérpretes desprenden una alegría y humor a lo largo de toda la obra y ello sumado a una gran química entre ambos, da lugar a una interpretación memorable. Acosta se le empiezan a notar los años, y a pesar de no tener la potencia que tuviera hace unos años, nos presenta a un Basilio realmente bien interiorizado, gracioso y con cierto toque chulesco.

En contraposición nos encontramos a Marianela Núñez, cuya actuación fue realmente impresionante. Con su técnica exquisita que la caracteriza, brilló y flotó a lo largo del segundo acto, mientras que en los actos primero y tercero se puede decir que estuvo radiante, con una energía, alegría y humor desbordantes, ya que incluso fue capaz de arrancar más de una carcajada. Además podemos decir que le da ciertos matices novedosos a su Kitri, como cierta dulzura a la vez que picarona, lo que propicia a convertirla en un personaje realmente entrañable, mientras que por ejemplo la Kitri de Natalia Osipova es pura energía y carácter.

En conclusión, esta producción parece tener un buen futuro, ya que por fin parece ser que han conseguido dar con una versión que se adapte más a la personalidad de la compañía, y que con unos intérpretes apropiados, puede convertirse de aquí a unos años en una de las grandes producciones del Royal.

Núñez, Acosta y el resto de integrantes del Royal Ballet durante los saludos

Fallece David Howard ” el maestro de las estrellas”

Tras la muerte hace unos días de Fernando Alonso, el gran maestro cubano, co-fundador del Ballet Nacional de Cuba y ex-marido de la insuperable Alicia Alonso, hoy gracias a las redes sociales hemos sabido del fallecimiento del conocidísimo maestro David Howard la pasada noche.

David Howard Y Cynthia en la Gala del Indianapolis City Ballet en September de 2011

Howard era reconocido en gran parte por ser ”el maestro de las estrellas”. En 1966 tras su retirada de los escenarios( habiendo formado parte del Royal Ballet y más tarde al Ballet Nacional de Canadá) comenzó su carrera docente y finalmente en 1977  abrió su propia escuela en el Upper West Side de Manhattan, junto al Lincoln Center.

En un día cualquiera, se podían encontrar entre sus alumnos bailarines tan importantes como Natalia Makarova, Mikhail Baryshnikov o Cynthia Harvey, además de otros miembros del Royal Ballet de Londres, American Ballet o New York City Ballet.

Desde 1995, año en que cerró su escuela, viajó por todo el mundo en calidad de maestro freelance, estando entre sus alumnos Ángel Corella, Michelle Wiles o Tamara Rojo. Además realizaba visitas regulares a diferentes compañías como el Royal Ballet  y formaba parte del profesorado de la prestigiosa Steps on Broadway.

Para Howard un bailarín debía ser: ”Un corredor de corta, media y de larga distancia, un saltador de altura, de longitud y un vallista. Además debe tener buenas proporciones, lucir bello y estar dispuesto a trabajar por muy poco dinero.”

Tamara Rojo y David Howard

Nuevo fichaje para el English National Ballet: Alina Cojocaru

Hace unas horas se anunció que la bailarina rumana, Alina Cojocaru se uniría a la troupe del English National Ballet al comienzo de la próxima temporada 2013-2014. Con ello, ya queda esclarecido el futuro de esta bailarina que además continuará como artista invitada en el Ballet de Hamburgo y el American Ballet Theatre.

Cojocaru ha hecho unas declaraciones:

”Estoy muy entusiasmado por formar parte del English National Ballet la próxima temporada. Me siento atraída por todas las oportunidades que ofrece el repertorio, la combinación de los clásicos y la oportunidad de trabajar con coreógrafos que realmente admiro. Siempre me ha gustado actuar en el Reino Unido y estoy encantada de que el English National Ballet me de la oportunidad de llegar a nuevos públicos fuera de Londres. No me asustan los retos, y espero todo lo que el futuro traiga consigo. Comparto la pasión de Tamara hacia el arte, y estoy emocionada acerca de todo lo que está por venir “.

Además Tamara Rojo (directora artística de la compañía), ha expresado su alegría por la nueva incorporación. ”Estoy muy contenta de dar la bienvenida a Alina, ella es una de las bailarinas que más admiro. Su exquisita técnica, cualidades dramáticas y su maestría han sido una constante fuente de inspiración para muchos, incluyéndome a mí. Sé que los bailarines de la Compañía estarán encantados de tener un artista de su talla entre nosotros y estoy segura de que podemos ofrecer a  Alina los retos y oportunidades artísticas que ella busca “.

Se ha de decir que la incorporación de Cojocaru, refuerza el proyecto empezado por Tamara Rojo de ”modernización” y consolidación de la compañía. A pesar de todas las polémicas entre ambas bailarinas, la unión de ambas en los escenarios y junto a otras estrellas de la compañía como Vadim Muntagirov y la veterana Daria Klimentova, pueden conseguir que potenciar el interés hacia la compañía a nivel internacional y hacer que su estatu pueda llegar a equipararse con el de su vecino el Royal Ballet de Londres.

Alina Cojocaru, Tamara Rojo y Sarah Lamb en Dancers at the Gathering

¿Cuál es el futuro del Royal Ballet?

Tras el repentino anuncio de la marcha de Alina Cojocaru y Johan Kobborg del Royal Ballet y su última actuación en la Royal Opera House el pasado día 5 de junio, todo el mundo de la danza se pregunta cuál será el futuro de la compañía británica.

La despedida de esta gran pareja el pasado miércoles del escenario londinense, emocionó tanto al público como a los propios bailarines como Federico Bonelli, que vivieron esa mágica e historia noche en el mismo teatro. Para todos aquellos que no tuvimos la oportunidad de poder disfrutar de esa actuación,nos tuvimos que conformar con las reacciones del público a través de las redes sociales. No hubo medio que no se hiciera eco de la noticia y no publicase a cerca del tema.

Alina Cojocaru Y Johan Kobborg en su despedida el pasado 5 de junio

La preocupación no se debe únicamente a la partida de Cojocaru y Kobborg, ya que también con esta producción de Mayerling se van otras dos estrellas emblemáticas del Royal Ballet, Mara Galeazzi y Leanne Benjamin. Ambas estrellas han dedicado 21 años de su carrera al Royal Ballet y gran parte de ellos como bailarinas principales.

El caso de Benjamin es muy llamativo, ya que su retirada viene a la edad de 49 años, una edad a la que cualquier bailarín ya ni se imaginaría estar pisando un escenario, mientras que Galeazzi se despide de los escenarios a los 39. Se trata de una semana ajetreada ya que tras la despedida del día 5, el próximo día 13 será Mara Galeazzi la que se despida y Benjamin el 15.

Ahora bien, lo que más inquieta es saber como Kevin O’Hare va a poder ”suplir” estas bajas tan importantes en la compañía. Al fin y al cabo dentro de la formación únicamente quedan como estrellas potentes, consagradas y con un gran número de roles a sus espaldas Marianela Núñez y Sara Lamb. Hay casos como los de los británicos Lauren Cuthbertson y Edward Watson, que son muy populares entre el público pero que todavía no alcanzan en técnica y experiencia a Núñez y Lamb.

Mara Galeazzi, Marianela Núñez, Lauren Cuthbertson y Rupert Pennefather en Serenade

Aunque la llegada de Natalia Osipova, hacía ver que la formación inglesa tenía intención de convertirse en una ”bomba” artística, ahora más bien la llegada de la rusa se ve como una ayuda necesaria para tratar mantener el estatus actual del Royal Ballet.

El gran problema es que con la marcha en los últimos meses de Tamara Rojo, Serguei Polunin y las que se suman ahora, se van a tener que promover bailarines solistas como la dulce Yuhui Choe o Hikaru Kobayasi a estrellas.

Esto es una gran oportunidad para los mismos, el problema es que al fin y al cabo, para acceder al rango de estrella se debe tener ya un ”historial” y no pueden nombrarse bailarines en estrella así al tun tun y sin ninguna conciencia, ya que al fin y al cabo lo único que se conseguiría sería perjudicar tanto al bailarín como a la compañía, que a su vez perdería calidad.

En resumen, O’Hare tiene que llevar esta situación lo mejor posible, y si se requiere ascender a los bailarines, que estos cumplan con las características y los objetivos que busca la compañía en ellos, y no buscar simples recambios a las estrellas que parten.

Alina Cojocaru y Johan Kobborg abandonan el Royal Ballet de Londres

La bailarina rumana más apreciada en el mundo del ballet, Alina Cojocaru, y su prometido el bailarín danés Johan Kobborg, abandonarán la compañía británica al finalizar esta temporada 2013-2014.

Esta información se ha hecho pública a través de la página de facebook personal de Johan Kobborg, hace tan solo unas horas. En el mensaje escrito por el bailarín, determina que la fecha elegida para su adiós a la Royal Opera House, será el próximo 5 de junio y se despedirán del público inglés con una emotiva representación de Mayerling, obra que la bailarina rumana no interpreta desde su durísima lesión allá por el año 2008. Aunque se ha de decir que su ultima actuación como bailarines del Royal Ballet, será el día 12 de julio durante la gira que realizará la compañía en Tokio.

En dicho mensaje, el bailarín no ha determinado cual será el futuro de ambos, pero que el objetivo es poder alcanzar nuevas metas artísticas y que en poco tiempo anunciarán oficialmente sus futuros planes.

Ambas estrellas, entraron en la compañía en el año 1999, él en categoría de Principal dancer mientras que ella entró como componenete del cuerpo de baile. Cojocaru, se convirtió en Principal dancer en 2001, siendo una de las promociones a estrella más rápidas en la historia de dicha compañía. Desde ese año, ambos han bailado juntos en la gran parte de las obras en las que han participado y son reconocidos como una de las mejores parejas del mundo de la danza, habiendo sido incluso comparados con la pareja Fontein-Nureyev.

Para el Royal Ballet, la marcha de esta pareja supondrá una gran pérdida artística, ya que muchos aficionados, como por ejemplo yo misma, soñábamos con poder acudir a la Royal Opera House y poder disfrutar de estos grandes bailarines en Giselle (uno de los papeles más importantes y reconocidos de Cojocaru).

Pase lo que pase esto no significa una retirada sino que es un simple cambio de aires para ambos bailarines, que desean descubrir nuevos horizontes artísticos.

P.D: Siento la falta de publicaciones en el blog durante este tiempo, es que estoy realmente liada con la universidad y los exámenes. Para un futuro, intentaré no estar tanto tiempo sin publicar.

El misterio Polunin, el ”chico malo” del ballet

Cuando parecía que Sergei Polunin volvía a llevar una vida repleta de danza, sana y madura, el bailarín ucraniano nos ha vuelto a sorprender. Esta vez ha sido ”huyendo” de Londres, en plenos ensayos para la nueva obra de Peter Schaufuss, Expreso de medianoche. Polunin despareció a tan solo cuatro días del estreno en el London Coliseum y hasta ayer día 9 no se supo de su paradero Polunin según un portavoz del Ballet Stanislavsky, se encuentra sano y salvo en Moscú,tras su repentina huida de Londres.

Durante estos días han ido saliendo más detalles un tanto escabrosos del bailarín, como por ejemplo el tema de la autolesión como manera que tenía el bailarín para sentir adrenalina y poder abstraerse de un día a día gris y taciturno. También admitió haber actuado habiendo consumido cocaína, pero que este ya no era un hábito en el. Hemos de recordar que en enero del año pasado también abandonó repentinamente el Royal Ballet. En este caso aparecieron muchos motivos para su huida, insatisfacción artística y monetaria, un carácter rebelde, depresión por haberse separado de su novia, la bailarina Helen Crawford o incluso se llegó a decir que lo había dejado para fundar un local de tatuajes.

Lo que si está claro es que el caso de Sergei Polunin es el típico de juguete roto. Ascender a Bailarín principal tan solo a los 19 años, convirtiéndose así en el Bailarín Principal más joven de la historia del Royal Ballet. Tenía un futuro prometedor, el cual poco a poco se va oscureciendo. Primero con su espantada en 2012 y ahora con esta nueva huida. También se ha de decir que sus pretensiones de vida eran las propias de un niño, hacerse muy famoso, ganar mucho dinero y tener tiempo para pasárselo muy bien. Hay que tener en cuenta que en el mundo del ballet, los objetivos vitales que Polunin buscaba no son posibles. Se trata de empleo muy mal remunerado, con muchas horas de trabajo, una gran jerarquía que hay que respetar y poco reconocimiento por el mainstream.

Lo único que el público espera es que este bailarín de elegancia y técnica equiparada a las de los increíbles Nureyev o Baryshnikov, consiga ya de una vez por todas solucionar sus problemas y que podamos disfrutar de un Sergei Polunin feliz. Y si además es bailando, mejor que mejor.

Natalia Osipova bailarina principal del Royal Ballet

Hace unas horas que el Royal Ballet anunció que Natalia Osipova se uniría a la compañía en calidad de Principal Dancer. Hasta ahora era Guest artist (artista invitada), pero a partir de la temporada 2013/2014 la bailarina rusa participará a lo largo de toda la temporada con el ballet londinense e interpretando todo el repertorio programado. En los últimos meses la bailarina ya había pasado un tiempo bailando en dicha compañía, como por ejemplo el Lago de los cisnes allá por el mes de octubre, un par de días antes de su actuación con el American Ballet en el Liceu de Barcelona en Don Quijote.

En su compañía actual, el Mikhailovsky pasará a ser artista invitada de igual manera que lo es ya y lo seguirá siendo en la Scala de Milan y el American Ballet.

Por otro lado el futuro de su pareja fuera y dentro del escenario, Ivan Vasiliev, es todavía incierto. Se rumorea que también abandonará el Mikhailovsky y que durante un tiempo trabajará como freelance, pero aún no hay nada confirmado.

Lo que está claro es que el Royal Ballet ha tratado de llenar el hueco dejado en la formación por parte de Tamara Rojo y el bailarín ucraniano Serguei Polunin. Osipova dará la energía necesaria a ese Don Quijote que después de 10 años va a volver a representar el Royal Ballet, parece que a estos les viene que ni pintado la nueva incorporación de la bailarina rusa. En mi opinión también a ella le vendrá bien para verse en otras piezas, como por ejemplo las de Ashton, MacMillan y el coreógrafo residente actual del Royal Ballet, Wayne Mcgregor.