The Winter’s tale: una joya del siglo XXI

Tras más de 20 años sin que el Royal Ballet estrenase ningún ballet narrativo de velada completa, en el año 2011 se estrenó Alicia en el País de las Maravillas del coreógrafo británico Christopher Wheeldon. En aquella ocasión nos encontramos con un despliegue tecnológico impresionante, que básicamente fue lo más llamativo de toda la producción que coreográficamente dejó frío a más de uno.

Esta vez Wheeldon ha querido ser más ambicioso y trató de adaptar el clásico de Shakespeare Cuento de invierno, aunque esta vez ha sido muchísimo más acertado que con su producción previa para el Royal Ballet. El pasado 1 de mayo tuvimos la oportunidad de poder disfrutar de este estreno mundial en directo en la Royal Opera House de Londres.

De la mano del mismo equipo artístico que con Alice’s, partituras de Joby Talbot y vestuario y escenografía de Bob Crowley, Wheeldon nos cuenta la historia de un hombre que destroza su familia cegado por los celos. Con un cast que requería 6 bailarines protagonistas, The Winter’s tale se ha convertido en una delicia para poder disfrutar en una misma velada de tantos bailarines principales del Royal ballet.

Hemos de decir que Edward Watson estuvo más que deslumbrante en el papel de Rey Leontes, haciendo totalmente creíbles los ataques inexplicables de celos, el maltrato y humillación a su esposa Hermione y posteriormente una tristeza y desesperación al darse cuenta de lo que había conseguido. Watson ya había destacado en papeles con una gran carga dramática como Mayerling o Metamorphosis, pero en ocasión supera a toda interpretación previa, convirtiéndose básicamente en Leontes y no en un bailarín haciendo de rey.

Por otro lado debemos hablar de Lauren Cuthbertson, cuya actuación fue también memorable. Esta bailarina británica, que es considerada como el futuro del ballet británico, ha madurado muchísimo en estos dos últimos años y eso se nota al ver a esa Hermione que trata de sobreponerse y convencer a su marido de que no ha cometido adulterio.

En el papel del Rey Polixenes tuvimos la mala suerte de que Federico Bonelli a última hora se lesionase, lo que provocó que un papel de tal calibre, finalmente e inconscientemente fuera relegado a un segundo plano debido a la falta de interiorización del rol por parte de Valeri Hristov.

Tras un prólogo y primer actos oscuros, con unas músicas más cercanas a las melodías de Hitchcock y psicosis, lo que creaba la atmósfera idónea para el estado anímico de Leontes, en el segundo acto cambiamos radicalmente de escenario y viajamos a un mundo pastoral alegre y dulce.

En esta ocasión nos encontramos con Sarah Lamb y Steven McRae en los papeles de Perdita y Florizel respectivamente. Ambos parecían una pareja típica de cuento, ella una muñequita de tez prefecta y él como su perfecto partenaire. En sus múltiples variaciones McRae desprendió el encanto y fuerza que le caracteriza, mientras que la americana Lamb fue todo dulzura y delicadeza.

También es muy remarcable la actuación de dos de las futuras grandes estrellas de la formación inglesa Beatriz Stix-Brunell y el italiano Valentino Zuchetti, que como pareja principal de pastores desprendieron una gran energía y pasión a lo largo de todas sus apariciones. También cabe hacer mención a Zenaida Yanowski que estuvo espléndida en el papel de ama de llaves, demostrando una gran poderío y presencia en todo momento que estuvo sobre las tablas.

La coreografía de Wheeldon, en mi opinión, es la mejor que ha hecho hasta ahora, mostrando a través de un lenguaje totalmente clásico las diferentes personalidades y uno de los sentimientos más difíciles de expresar mediante movimiento: los celos. Además tiene pasos a dos como el del tercer acto entre Leontes y Hermione, que recuerdan claramente la estructura y pasión de los de Kenneth Macmillan y trayendo a nuestra memoria también el paso a dos del cuarto acto del Lago de los Cisnes. El paso a dos con ambos personajes vestidos de color claro y en el que Hermione trata de perdonar a Leontes, fue toda una obra hecha poesía, con sufrimiento, decepción desesperación y finalmente felicidad y reencuentro.

Podemos decir que esta producción única de The Winter’s Tale ha de permanecer (y seguramente lo haga, al gran éxito entre público y críticos), con una coreografía madura y especialmente expresiva, una escenografía perfecta (ya que se limita al mínimo número de elementos , tanto en vestuario como escenografía) y una partitura hecha a medida de la obra. The Winter’s Tale, representada por los bailarines idóneos se convertirá en el clásico de los clásicos del siglo XXI. Felicidades al Royal Ballet por esta gran adquisición al repertorio.

¡Por cierto! si os interesa existe una grabación completa del ballet por el 1ª cast (del que hemos hecho la crítica) realizada el pasado 28 de abril en la página Balletoman.com

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